Corpus Christi en Helechosa de los Montes


Es el Corpus en Helechosa una fiesta de arraigada personalidad, una tradición bien conservada y una celebración de gran vigencia dentro del ámbito regional

Anunciando la llegada del verano, tiene lugar uno de los complejos festivos más típicamente hispánicos: la celebración del misterio del " pan divino " o Sagrada Eucaristía.-

Su origen es medieval - tardío, por lo que es muy reciente dentro del ciclo festivo de los pueblos ibéricos y que consiguió en gran parte suplantar a la fiesta del solsticio de verano. Entre los siglos XV y XVIII fue la festividad central del año, ya que incorporaba elementos profanos y residuos de rituales precristianos, lo cual, la hacía más atractiva de cara al pueblo.

Según los archivos parroquiales y otras fuentes contrastadas, se tiene constancia de que la fiesta se celebra desde hace más de cuatrocientos años.

Diablucos

Los principales protagonistas son el pueblo y los diablucos, que alegóricamente ponen el toque profano a la celebración religiosa. Con la cara descubierta, las vísperas del Corpus y de su Octava comienzan a sonar el tambor y las castañuelas por las calles del pueblo como preludio de la celebración. Estas figuras paganas, encarnación del mal, se atavían con mono rojo de una sola pieza, con ribetes y botonadura en negro, largas orejas y rabo también rojo en la parte trasera. A veces llevan cascabeles. Cubren su cara con una careta que figura el diablo y la cabeza con un trapo negro.

Caretas


Se usan según las circunstancias, por ejemplo, para las vísperas no la llevan puesta.
   
Transcurso de la fiesta
   

El día del corpus por la mañana, antes de tocar a misa, los diablucos con la cara descubierta salen por la población. Más tarde recogen al mayordomo, quién es nombrado por un año por los miembros de la hermandad del Santísimo al concluir la procesión de la Octava, y a los individuos de la Junta Directiva.

Después se dirigen en grupo a casa del sacerdote. Se hace entrega de las carátulas, que allí se guardan y con ellas puestas van danzando hasta la iglesia. A la puerta del templo hacen varías cabriolas y desplantes y después componen un arco humano a través del cual pasan cura y autoridades. Luego en misa, intervienen varias veces durante la eucaristía, tocando castañuelas y tambor. Una vez finalizada está salen todos en procesión. Los diablucos, así ataviados y con la máscara puesta danzan de forma trepidante hacia delante y hacia atrás volviéndose continuamente para dar la cara y la espalda sucesivamente al palio que guarda la Custodia. El recorrido transcurre por diversas calles del pueblo, en algunos sitios hay colocados altares donde la comitiva debe pararse.

Cuando el sacerdote va a bendecir un altar, los diablucos danzan para mofarse y distraer la atención del público. Los vecinos preparados para ese hecho, les dan refrescos con el fin de entretenerlos hasta que el sacerdote termine su labor. Inmediatamente después, estos vuelven con cabriolas y requiebros impidiendo por unos instantes el paso de la procesión para después volver a retomarla aligerando la marcha. Este hecho se sucede durante todo el recorrido hasta llegar de nuevo a la parroquia, momento final en el que el señor vence al maligno y los secuaces de este huyen como serpientes del recinto sagrado.

Embellecimiento del lugar

Helechosa se engalana para la ocasión. Pendones, banderas e imágenes de Cristo forman arcos bajo los cuales pasará la sagrada forma. En las casas, sábanas y colchas antiguas cuelgan de los balcones. Las calles se cubren de: helechos, tomillo y romero; y ramas de palmas forran las paredes.

Altares

Son encargos o mandas que se embellecen con motivos religiosos y adornos florales.
Contienen ofrendas al altísimo que consisten en todo un catálogo de dulces típicos, frutas, hortalizas, animales vivos (conejos, corderos, etc.), pan, vino y cereales.